Sin Fronteras | Garazi Muñoz: cuando viajar se convierte en una forma de vida


por Adela Estévez Campos

Canadá, Australia, India, Alemania, Suiza o Chile. Como sus dos hermanas, Garazi Muñoz Bujedo (1989) tiene alma nómada. Habituada desde pequeña a viajar con sus padres y hermanas en una autocaravana, a los ocho años un campamento de verano en el caserío-escuela Baratze en Arteaga fue su primera aventura sin la familia. A los 14 años se fue sola tres meses a Canadá y desde entonces no ha parado, ni se plantea hacerlo al menos en un futuro próximo. Árbitro de natación por las federaciones bizkaína, catalana y canaria, diplomada en Primeros Auxilios y en Salvamento Acuático por la Federación Bizkaína de Salvamento y Socorrismo, el deporte es la otra parte imprescindible de su vida, por eso una de las cosas que más recuerda de su infancia barakaldesa es el camino de casa a Gorostiza donde entrenaba con el Club Natación Barakaldo.


Estudiante de arquitectura en varias universidades —Ramón Llull de Barcelona, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y TU Braunschweig en Alemania— se marcha ahora a continuar sus estudios a la Universidad Central de Chile. Reprocha a muchos jóvenes vascos que, al contrario que los de otros países que empiezan a buscarse la vida y se independizan en cuanto cumplen los 18 años, se apalanquen en las lonjas sin buscar opciones. Y reivindica el valor formativo de equivocarse y de caer para poder levantarse y seguir luchando con más fuerza.

Pregunta. ¿Cuáles fueron sus primeros viajes en solitario?
Respuesta. Los ‘udalekus’ (campamentos de verano) estuvieron presentes desde que mis hermanas y yo cumplimos los ocho años, aunque mi primera gran experiencia en solitario me llegó cuando cumplí 14. Me fui de intercambio tres meses a Southampton, en Ontario (Canadá), con una familia canadiense. Iba al instituto en el Saugen District Secondary School Port Elgin (SDSS). Al año siguiente me fui otros tres meses, también de intercambio a Strathpine, en Brisbane (Australia), a estudiar en el Wavell State High School (WSHS).

P. ¿Australia?
R. Sí, fue una gran experiencia, vivía con la familia Campbell, como la sopa de los cuadros de Warhol. De repente estaba en un lugar en el que había koalas, canguros, tiburones. El colegio también supuso un gran cambio para mí, que llegaba de la escuela pública en Euskadi, en la que cada uno vestía como quería. Allí todos teníamos que ir impecables, con nuestro traje, nuestra corbata y con unos bonitos zapatos Oxford de mi ‘ama’ que me llevé de Barakaldo.

P. ¿Vuelve entonces a la anteiglesia?
R. Sí, y como mi hermana mayor estaba estudiando alemán, me puse a estudiarlo yo también y ese año —estaba en cuarto curso de ESO en Beurko— me fui en un programa trimestral de intercambio a Gloggnitz (Austria) en el Bundersrepublic Oberstuffe Real Gymnasium (BORG), que es un instituto público. Tuve mucha suerte con la familia, los Tacho. Mi alemán mejoró considerablemente, alcancé un nivel B1.

P. ¿Ya tenía el nivel suficiente de alemán para ir a estudiar a un centro austriaco?
R. En mi familia somos como esponjas para los idiomas, los absorbemos enseguida. Partiendo de una buena base bilingüe, euskera y castellano, mis ‘aitas’ y nosotras siempre hemos pensado que los demás venían rodados.

P. ¿Mantiene el contacto con su 'familia' alemana?
R. Sí, es algo que no quiero perder y lo mismo me pasa con los Campbell. Me encantaría que pudiésemos hacer un intercambio con los hijos de mis ‘hermanos’ austríacos y australianos y los hijos que yo pueda tener en un futuro no muy lejano. Sé que es algo que no se puede planear, pero es una idea que me gustaría que se llegase a hacer realidad.

P. Y empieza sus estudios universitarios.
R. Sí, en 2007 me fui a estudiar Arquitectura en la Universidad Ramón Llull, La Salle, de Barcelona, pero la ciudad me comió. Yo llegaba de Barakaldo y me encontré con una universidad muy elitista de grupos muy cerrados, todos con sus relojes de marca y muchos con el último modelo de moto y coche. Un amigo de Mungia, Jonan, que estaba estudiando en Canarias me animó a pedir el traslado a Las Palmas y me cambié. Nunca me he arrepentido de esa decisión.

P. ¿Desde entonces ha estado en Canarias?
R. Bueno, con intervalos. En 2009 estuve un mes como cooperante en el Regina Pacis Boarding School de Mumbay, India, de la Congregación de María Inmaculada, como estudiante de apoyo, trabajando con niñas de familias desestructuradas de toda India con problemas de integración e idioma, fue una experiencia muy dura pero muy positiva. Cuando ves que una familia vive un año entero con 100 euros, tus esquemas cambian radicalmente.

P. ¿Qué es el proyecto Ruta Siete en el que participó en 2011?
R. Es una expedición de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) de 35 días, en la que 45 estudiantes universitarios recorren en ‘guagua’ las siete Islas Canarias, además de la Graciosa y la Isla de Lobos, realizando acciones-trueque como limpiar playas y recuperar antiguos senderos a cambio de alojamiento y comida.


P. ¿Alguna experiencia más?
R. El curso pasado, en cuarto de carrera, me fui a la universidad TU Braunschweig al lado de Hanóver en Alemania, con el Programa Erasmus. Fue un curso muy intenso, porque tengo la costumbre de sumergirme en lo local en vez de ir buscando crear mi grupo de españoles, lo que tiene el inconveniente de que te descuelgas un poco del grupo de origen, pero la ventaja de que conoces mucho mejor el país y el idioma. Estando allí me surgió la gran oportunidad de ir un mes de becaria al estudio de arquitectura Metron AG, en Brugg, Suiza, colaborando con el M4 en el proyecto de ‘Metron Dichtebox’ y de vuelta a Alemania tuve un ‘pequeño’ accidente cortando la brida de un casco con un cúter, porque a veces soy muy vasca. Me corté un nervio de la mano y me tuvieron que operar.

P. ¿Y ahora se tomará un descanso?
R. No, claro que no. Mientras estaba en Alemania me concedieron la beca Estados Unidos-América Latina y como mi hermana está en Chile, escogí ese país y en marzo me voy a Santiago a continuar mis estudios en la Universidad Central de Chile. Tengo muchas ganas, porque es un país que me va a ofrecer una visión aún más amplia. Creo que sus 4.500 kilómetros de costa, su posición geográfico-estratégica, sus numerosos lagos y su impactante altiplanicie junto con Bolivia y Perú son una motivación más que suficiente para irme.

P. ¿Qué es lo que más recuerda de sus años en Barakaldo?
R. El camino a Ibaibe, el de casa a la academia de inglés de Carmelo, el de la academia de pintura y el de Gorostiza donde entrené natación desde los cinco a los 18 años, aunque más cañero desde los 15 a los 17. Todos los del club entrenábamos unos 8.000 metros diarios e íbamos de concentración al Centro Liceo La Paz en A Coruña, Galicia, con Jésus, nuestro entrenador.

P. ¿Sigue practicando deportes de competición?
R. Durante el curso académico 2008/2009 y el siguiente estuve entrenando con el Club Natación Metropole, en Las Palmas, con licencia federativa, participando en los campeonatos locales y regionales. Estando en tercero de carrera participé en un par de travesías en mar abierto en aguas canarias. En ambas subí al pódium y recogí trofeo.

P. ¿Siempre vinculada a la natación?
R. Acabo de descubrirme con el kiteboard, un deporte que, ajeno a lo inalcanzable, arriesgado y extremo que parezca en un primer momento, acaba siendo muy agradecido en cuanto se domina una buena técnica. Mi profe canario, Héctor, me provoca diciéndome que, si yo quiero, con siete u ocho meses entrenando duro sería suficiente para ponerme a punto y llegar muy lejos en el mundo de la competición, que chicas cañeras y guerreras hay pocas. Sueños aparte, también practico bodyboard, surf, snowboard y esquí.

P. ¿Alguna competición a la vista?
R. Hace un par de semanas, hablando con una amiga venezolana, se nos ocurrió empezar a prepararnos mental y físicamente para hacer un triatlón como el Ironman 70.3 (triatlón de media distancia) de Lanzarote en octubre de 2013. La prueba en sí no me da miedo, pero sí respeto. He colaborado en tres Ironman y sé el tipo de tensión que se respira al toque de bocina en la primera fase a disputar que es la de natación.

P. ¿Cuándo se plantea volver a Barakaldo?
R. Esa misma pregunta nos la ha hecho hace poco mi ‘ama’. ¡No lo sé! Aún soy joven. De momento vuelvo tres veces al año: en verano, Navidad y Semana Santa. Yo les digo que me estoy formando fuera mientras no haya nada que me ate, ni novios ni hijos. A lo mejor más tarde surge esa necesidad de regresar. Canarias está un poco limitada geográficamente, pero climatológicamente es excepcional y muy favorable para la práctica del deporte. La gente es muy abierta y es muy fácil acostumbrarse a su cercanía y amabilidad. Con los amigos que he hecho en Ruta Siete somos ya una gran familia y cada vez que aterrizo en nuestro Hawai europeo, me empiezo a sentir como en Barakaldo. Tengo la impresión de que la sangre canaria empieza ya a fluir por mis venas y de que empiezo a sentirme como una canariona más.

P. ¿Qué echa de menos cuando está fuera?
R. La familia y mi entorno más cercano, aunque para mis ‘amamas’ siempre tendré un hueco muy especial en mi corazón. Mi ‘amama’ Teo, la ‘ama’ de mi ‘aita’, murió hace tiempo, pero fue muy importante en nuestras vidas. Y mi ‘amama’ Carmen, que también falleció hace unos años, ha estado siempre muy presente en nuestra casa y nos ha dado todo y más a las tres hermanas. A menudo me acuerdo de ella, de lo luchadora y trabajadora que era, especialmente en los momentos que me toca tirar para adelante.

P. ¿Los amigos?
R. Echo de menos a los buenos amigos, pero los que tengo los cuento con los dedos de las manos. Viajar tanto te desconecta un poco. Mis padres nos regalaron ese amor y esa necesidad por conocer, por explorar y esa es una prioridad que, tristemente, no me une y no comparto con ninguno de mis amigos de Barakaldo.

P. ¿Qué trasladaría a la anteiglesia de los países en los que ha estado y de la gente que ha conocido?
R. Lo mismo que me llevo de Barakaldo y a todos los sitios a los que voy. En mi maleta de recuerdos siempre intento llevarme lo mejor de cada persona y de cada sitio. Lo malo intento olvidarlo enseguida y dejarlo atrás, o al menos en cuanto el vuelo despega para poner rumbo a un nuevo destino. Llevo todos los lugares y a todas las familias con las que he convivido muy adentro, para todos tengo un lugar en el corazón.
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P. ¿Qué diferencias ve entre los jóvenes que ha conocido en otros países y los barakaldeses?
R. Básicamente que son mucho más resolutivos, especialmente los alemanes. Se buscan la vida enseguida, a los 18 años se independizan y se van de casa de sus padres. En Euskadi la mayoría están apalancados en las lonjas, sin buscar muchas más opciones. A menudo pienso que las nuevas metas y caminos están al alcance de todos nosotros, pero sólo unos pocos nos armamos de valor para dejar ‘el nido’ y salir de esa ‘zona de confort’, tan conocida y engañosa al mismo tiempo. Sé que mis ‘gurasos’ y hermanas siempre van a estar ahí con un apoyo y amor incondicional, pero ahora me toca salir adelante por mí sola. Sé que soy tenaz y muy capaz de alcanzar muchas de las metas que me he propuesto en la vida: personales, académicas o deportivas. Los momentos duros te los trae el día a día, pero intento mantener por encima de todo a la gente auténtica que me rodea. Caer para poder levantarse con más fuerza es parte del proceso natural del ser humano y tengo ganas de que la vida me curta de verdad.