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Sin Fronteras | Aitor García Rey abre nuevos campos desde Islandia


por Adela Estévez Campos

Excluido de las carreras que quería estudiar por la decisión implacable de un profesor que le obligó a volver a presentarse a su asignatura en septiembre, la vida de Aitor García Rey (1979) tomó un rumbo inesperado que le introdujo en el mundo profesional a los 19 años y que le ha llevado a ser profesor de la universidad sin llegar a ser su alumno. Lleva viviendo dos años en Reykjavjk con Bego Sánchez, su mujer, aunque ya habían estado durante temporadas en otros lugares. No le importaría quedarse a vivir en Islandia si pudiese llevar allí a su familia, que es lo que más añora de Barakaldo. Socio de la empresa de Internet Linking Paths, cofundador del comercio de accesorios para Mac Jositajosi y presidente de la asociación Pro Bono Publico, García Rey admira del país nórdico la tranquilidad, la ausencia de crispación y de criminalidad, y recomienda a los barakaldeses viajar “para poner en contexto creencias e ideas”, y estudiar inglés, imprescindible para conocer mundo.


Pregunta. ¿En qué colegio estudió en Barakaldo?
Respuesta. En Paúles. Estudié allí durante toda la educación básica y el bachillerato, unos 11 años, y creo que, en general, la experiencia fue muy positiva. Borraría con gusto los recuerdos de algunos profesores -especialmente los seculares-, pero tambien conservo amigos y buenas memorias de mi estancia allí. Siempre me divierte oír las teorías y prejuicios que la gente tiene sobre lo que significa ir a un ‘colegio de curas’ por más de una década. Como persona que se declara en el límite entre el agnosticismo y el ateísmo, me hacen mucha gracia las alegaciones sobre los lavados de cerebro.

P. ¿Le gustaban los deportes o era de los alumnos empollones?

R. En gran medida me decanté por los deportesm pero a diferencia de la tendencia generalizada que apunta siempre al fútbol o, en el menos odioso de los casos, al baloncesto, yo practiqué balonmano durante la mayor parte de mi estancia en Paúles.

P. ¿Por qué balonmano?
R. Me encanta este deporte, tanto que seguí practicándolo después durante algún tiempo llegando a jugar como juvenil con el que entonces era el Barakaldo UPV y ahora es Balonmano Barakaldo. Es odiosa y terriblemente corta de miras la total falta de respaldo que reciben deportes no mayoritarios como éste por parte de instituciones y ministerios varios. Se puede imaginar mi sorpresa y alegría cuando vi que el balonmano es el deporte nacional en Islandia y es mimado y promocionado en todas sus categorías.

P. ¿Su trabajo está relacionado con su formación?
R. Sí. A pesar de las recomendación del claustro de profesorado, mi antiguo profesor de Física decidió —haciendo uso de mi nota de 4,75— declararme suspenso en su asignatura en el junio previo a la selectividad. Eso hizo que fuera imposible optar a la primera ronda de matriculaciones en la universidad. Aunque aprobé la asignatura y la selectividad en septiembre de ese mismo año, no había ya posibilidad de conseguir plaza en las carreras que había elegido, que eran Bellas Artes e Informática.

P. ¿Qué consecuencias tuvo?
R. No pudo darse un suceso más feliz. Dado que tenía que esperar al menos un año para iniciar la universidad, decidí aprovecharlo para estudiar un grado superior en desarrollo de aplicaciones informáticas y esa decisión ha moldeado mi carrera profesional. Al año y medio estaba sentado en reuniones analizando proyectos para importantes empresas, cuando sólo contaba 19 años. Compré una casa, que aún poseo, mientras mis amigos jugaban al mus durante sus primeros años de universidad y en cierto modo me convertí en una rara avis

P. ¿Echó en falta la universidad?
R. Durante ese tiempo no dejé de oír historias de terror sobre los problemas en la universidad: masificación, catedráticos sátrapas que hacen y deshacen en sus departamentos o la total desidia mostrada ante los intereses de los estudiantes. Esto lo pude comprobar años más tarde cuando cofundé una empresa que fue contratada para impartir varios módulos en un master de la Universidad de Deusto. Sí, es cierto, en una irónica vuelta del destino, he sido profesor en la universidad sin haberla pisado como alumno, un detalle sobre el que no me canso de bromear siempre que puedo.

P. ¿La faceta emprendedora es heredada o es usted un caso único en su familia?
R. Lo he dicho otras veces y lo mantengo: se debería prender fuego al verbo emprender. Hoy en día da la impresión de que el ‘emprendizaje’ —palabra estúpida e incorrecta donde las haya— es un fin en sí mismo. Olvidamos que el País Vasco ha sido siempre un país de personas dispuestas a crear y a construir empresas, sin que nadie haya tenido que promocionarlo con planes estratégicos. Las estructuras sociales generan esas tendencias positivas y no al revés: la puesta en marcha de empresas e iniciativas es el 'by-product' de una sociedad abierta que no tiene miedo de confiar en sí misma y para eso hace falta más honestidad en instituciones y colegios y menos millones de euros en contubernios subvencionados.

P. ¿Existe una percepción incorrecta sobre las ayudas para crear empresas?
R. Sufrimos de visión túnel en cuanto a la mal llamada ‘crisis’: si bien la situación económica puede ser igual de mala o peor, las oportunidades con que ha contado mi generación y las siguientes empequeñecen las que tuvieron nuestros padres. Si queremos ejemplos de ‘emprendizaje’ responsable no deberíamos fijarnos en pimpollos como Mark Zuckerberg sino en nuestros padres y abuelos, aunque claro, ese es otro tema.

P. ¿Y su parte aventurera de dónde procede?
R. No me considero especialmente atrevido. Mis padres emigraron después de que la vida les arrebatase el derecho a una educación superior, en una postguerra durísima donde la gente pasaba hambre. Me gustaría saber cuánta gente de mi generación puede decir que ha pasado hambre alguna vez.

P. Usted preside el grupo Pro Bono Publico. ¿Qué hace?
R. Pro Bono Publico es una asociación sin ánimo de lucro que intenta promover la apertura de datos entre las instituciones públicas. La fundamos hace unos años una serie de personas interesadas en el tema.

P. ¿Por qué se puso en marcha este colectivo?
R. Es obvio y de sentido común que el primer paso para solventar o mejorar cualquier situación es conocer claramente cuál es el estado exacto del problema y para eso hacen falta datos e información. La asociación pretende llevar este sencillo principio a la Administración y hacer presión para que estén presente de manera sencilla, gratuita y procesable en internet datos sobre áreas tan diversas como presupuestos municipales y autonómicos, actividad parlamentaria, criminalidad o licencias públicas, entre otras. El principal rol de la asociación es el de asesorar y sugerir los mejores enfoques técnicos para esa publicación, así como colaborar para la generación de políticas públicas que fomenten estos principios de apertura.

P. ¿Qué significa para usted la frase que aparece en su web 'La especialización es para insectos y yo quiero ser un humano'.
R. Hay una famosa cita del escritor Robert A. Heinlein que termina diciendo "Specialization is for insects". Mi adaptación hace referencia a ella y al horrible sistema educativo iniciado en la Revolución Industrial y perpetuado hasta nuestros días.

P. ¿Por qué valora negativamente el sistema educativo?
R. Una vez conseguimos establecer un sistema de partes intercambiables para nuestras máquinas, el siguiente paso obvio era establecer personas intercambiables para nuestras estructuras laborales y la mayor parte de sistemas educativos se han dedicado durante casi 200 años a la labor de condicionar y compartimentar a los estudiantes para que encajen en sus puestos de trabajos. Si esto tuvo sentido alguna vez, ya no lo tiene.

P. ¿Defiende entonces una formación renacentista?
R. En lo personal, creo que los descubrimientos y los avances más importantes para la humanidad han venido siempre de la mano de personas que se encontraban en la encrucijada de diferentes áreas y disciplinas, como Tesla, o con una deseo infinito de conocimiento en todas las áreas como Jefferson o Da Vinci.

P. Lleva dos años en Reykjavjk con su mujer. ¿Han estado antes en otros países?
R. Hemos pasado temporadas en muchos países pero siempre sin que se convirtiesen en verdaderas estancias. Esta es la primera vez que realmente estamos viviendo en otro país.

P. ¿De cuál de los dos surgió la idea de irse?
R. Fue una idea compartida y madurada durante mucho tiempo. Viajamos a Dinamarca al menos una vez al año durante 5 ó 6 y descubrimos que nos gustaría vivir en una sociedad con esos valores.

P. ¿Por qué Islandia?
R. Las dos principales razones fueron la facilidad para trasladarnos sin mucho papeleo —al contrario que otros países que valoramos como Dinamarca— y su atractivo como país y como sociedad. La sociedad islandesa se ha desarrollado de manera aislada durante casi 1.000 años y eso la dota de muchas particularidades que la hacen interesante para un emigrante, desde el idioma a las relaciones personales, pasando por el sentimiento de pertenencia en una comunidad tan pequeña.

P. ¿A quién le costó más adaptarse?
R. Los dos nos adaptamos bastante rápido: estudiamos islandés, conocimos a gente islandesa a través de diferentes círculos y en general nos sentimos bastante integrados en un par de meses. El único pequeño inconveniente que se me ocurre es la dificultad de Bego, mi mujer, para dormir sin problemas durante los meses de verano, en los que tenemos luz solar de 18 a 20 horas.

P. ¿Es realmente el paraíso democrático del que hablan algunas noticias, con banqueros y políticos corruptos en la cárcel?
R. Es indudablemente un país bastante democrático, pero la mayor parte de referencias que se han leído en la prensa han sido parciales o simplemente erróneas. Por usar el ejemplo que cita, durante más de cuatro años después de la crisis no hubo ni una sola persona encarcelada por el desastre financiero y fue sólo hace unos pocos meses cuando se han publicado las primeras resoluciones, y aún entonces dictaminando cárcel para dos ejecutivos únicamente.

P. ¿Qué envidia del país?
R. La tranquilidad y la falta de tensión entre diferentes partes de la sociedad. La acusaciones que se lanzan políticos de una y otra parte en el País Vasco son pueriles y nocivas. Es una sociedad donde el cotilleo, la televisión basura y las malquerencias no son parte integral de la vida diaria. Y la práctica inexistencia de criminalidad; poder enviar a tu hijo de cuatro años solo al colegio sin ningún miedo; dejar tu móvil y tu cartera encima de la mesa mientras vas al baño en una cafetería.

P. ¿Qué echa de menos de Barakaldo?
R. A mi familia. Hay pequeñas cosas que a veces te gustaría tener cerca, pero realmente sólo echo de menos a mi familia

P. ¿Qué se trasladaría de Reykjavik a la anteiglesia?
R. Una cultura social más inclusiva y respetuosa con los niños. Un volumen de conversación normal. La participación de muchos jóvenes en diferentes grupos de música. Un servicio de correos que funciona. La tradición de despedirse con abrazos en lugar de besos. Los inviernos nevados.

P. ¿Se plantea volver?
R. Si pudiera llevarme a mi familia a Islandia, la verdad es que no tendría ningún interés en volver en un periodo de tiempo muy largo, por múltiples razones. Desgraciadamente, veo difícil conseguirlo y no encuentro las fuerzas para negar a un nieto el contacto directo y frecuente con sus abuelos.

P. ¿Anima a los parados barakaldeses a buscar trabajo en Islandia?
R. Animo a que cualquier persona que quiera enriquecer su vida viva durante una temporada en otros países. No solo por el aspecto laboral, sino porque viajar pone en contexto tus creencias y tus ideas. Si la principal razón es laboral, me parece menos rentable y en muchas ocasiones reciclarte en tu propio país es igual de viable y menos traumático. En cualquier caso si quieren moverse por Europa para trabajar —y obviamente tambien en Islandia—, la gran asignatura pendiente de la mayor parte de la gente es la capacidad para trabajar y vivir en inglés. Es simplemente imprescindible si no se quiere tener un aterrizaje incómodo y difícil.

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