Una emprendedora barakaldesa ofrece en su tienda cursos para jóvenes para aprender a hacer calceta


por Matilde Arenal

"Empecé a hacer punto aprendiendo con mi abuela cuando era muy pequeña y cada vez me ha ido enganchando más". Maritxu Moreno Laiz, de 39 años, se acaba de embarcar en una aventura: ponerse al frente de su propia tienda de lanas y ofrecer en ella cursos de calceta pensados para jóvenes, aunque tiene clientes de todas las edades. En el cruce de las calles Nafarroa y Merindad de Uribe, esta emprendedora ha decidido, aprovechando que tricotar se ha puesto de moda —movimiento Urban Knitting—, dar nueva vida al negocio tras la jubilación de Charo, su antigua dueña.


"Llevaba 15 años trabajando en una tienda de armarios empotrados y librerías ya que mis estudios han sido de diseño de interiores. Debido a la crisis, tenía que buscar otra salida porque el tema de muebles no está actualmente en buena situación. Tenía claro que quería montar algo, que quería tener algo propio y que a la vez lo que montase fuera algo creativo y que me encantase hacer", explica Moreno.

Dicho y hecho, las conversaciones con la antigua propietaria del establecimiento permitieron que esta 'aventurera' hiciese realidad su idea. Sin ayuda económica institucional por el momento —aunque admite que "no vendría nada mal" tenerla—, con asistencia de la agencia de desarrollo local Inguralde, ha levantado la persiana de la tienda, ha introducido nuevas lanas con mucho colorido que atraiga a los jóvenes y ha puesto en marcha cursos de calceta, con una decena de participantes, unas jóvenes y otras "más mayores".

"Es una pena que estas tradiciones de tejer a mano se estén perdiendo en la gente joven", indica Maritxu Moreno. "Quiero que la gente joven se anime a empezar, que aprenda a hacer sus propios diseños, que se interese por las labores. Desde la tienda intento guiarles ya que mucha de la gente joven aprende también por internet y yo intento facilitarles mi ayuda en lo que no entienden o no saben".

Sabe que el cambio de imagen del punto va a costar, que es una práctica asociada tradicionalmente a la mujer y a personas de cierta edad. "Por el momento es un proceso muy lento el que la gente joven se dedique a hacer punto pero yo pienso que dando un empuje de aprendizaje tanto con quedadas o cursos se acabará interesando mucha más gente, porque se le coge mucho gusto y es muy relajante", dice.  "Por desgracia los chicos no abundan —aunque alguno sí ha venido— y es una pena. No creo que tenga que ser cosa de mujeres".

El empeño y el esfuerzo han comenzado con buen pie y confía en que se consolide. "Por el momento la tienda no va nada mal, está cumpliendo mis expectativas, espero que no sea temporal porque la inversión es grande al intentar meter la máxima variedad".